No sé si son más difíciles los pasos hacia la puerta o los que desde la nueva puerta nos llevan al nuevo lugar. Sacar las cosas de la caja o el momento en que se metieron. Decir adiós a caras que igual expresan o no. Decir hola a caras de esperar más que de expresar. Los bolis, los papeles. Uno a uno, que no tenemos prisa.
Y cuando pasan los minutos y el espacio comienza a amoldarse como contenedor de un alguien nuevo más… las ausencias, los ausentes, se hacen de pronto evidentes. Lo que has olvidado traer. Lo que has querido olvidar. Lo que se pudo y lo que no.
De todas esas cuentas de menos y demás, en el fondo, quizá porque a su edad los cambios son más permanentes que las permanencias mismas, JR, por causa de un azar tecnológico carente de toda malicia, echó de menos su música.
De poco sirve alzar los cuellos forrados, intentando que cubran lo expuesto, pues es nuestra cabeza, que falla menos de lo que le suponemos, la que se vence, reconociendo la culpa, y mostrando al frío la carne para que éste, y no nosotros, haga justicia en la piel.
De poco sirve correr, buscar cobijo, si los espejos que nos reciben en los corredores altos de las casas sólo devuelven la sombra borrosa de un contorno que parece nuestro, pero que el vaho, porque el frío, desdibuja y emborrona, como queriendo decirnos algo, como acusándonos de algo.
De poco sirve huir del frío, porque somos, cuando estamos solos, seres mismos hechos de frío.
Sólo la compañía, tú, vosotros, los demás, enciende el aceite que perfuma, ilumina, pero sobre todo calienta, el salón de suelo frío en el que duermen nuestros corazones.
Frente al frío, la gente. Frente a la soledad, vosotros.
Contra el mal, la hormiga atómica.
Y yo.
Sed buenos.
Fotos que vuelan de las páginas a una boca que trastoca lo que fue para crear un es que difiere tan notablemente… que cuando es leído desmerece y hace evocar, por una vez, mi voz y no mis letras.
Frases que entresurgen del espesor de la pereza, que no es esta vez falta de deseo si no de talento, pues no es deseo sino talento lo que falta cuando la cabeza retoma viejos achaques y ataca auyando con la pica en ristre. Duele, claro.
Fuerzas que alcanzan si se mira al suelo, pero que Flaquean cuando la vista escruta lo venidero. Porque sólo es miércoles, pero será octubre en algún momento.
Fé… en saber, alguna vez, que es lo que pretendo.
Fuera aire, adentro… sólo tierra.
Fotos. Frases. Fuerzas que Flaquean. Fé. Fuera. Fieras que se aburren y se Frotan con la reja.
Esta noche las flores han venido a mi ventana. Lo sé porque aunque poco, pues el cristal no es muy dado a aprehender mensajes de aroma, algo de perfume a rosas me ha rozado al abrir, ya de mañana.
Lástima que ellas, suaves, delicadas, hayan optado por golpear con lo más blando, y no con lo duro del filo, pues no está la cosa para dejar fuera la belleza, cuando es ella la que viene a buscarnos de madrugada.
Moraleja: mejor llamar la atención con las espinas.
Corolario: por muy grande que sea el cuaderno no me cabrán dentro todas las palabras. Tampoco es que sea necesario. Así que mira, a vueltas con las plumas.
Estoy aquí. Bien quietecito, para oír las llamadas.
Sed buenos.
Sed buenos.
Gritarme no basta.
Y así me espero al juego, que de toda la vida se me ha dado bien.
Porque a ver si nos vamos a andar con gilipolleces a estas alturas de la partida. Que yo con las veinte en copas me apaño a la que me entre la sota de bastos. Que como decía Cirilo, puta en ventana, mala mañana.
Y es que es por la mañana cuando arrancan de nuevo las mentiras, pero con eso de que el sol limpia, fija y acojona, pierden la carrera con las ilusiones, y por eso parecemos mejores. Atrás queda la noche, que ahora nos dura tan poco. Los insultos, los temores.
Saca el sable, espolea al caballo, mira la semana a la cara y dice… a por ellos, que son pocos y cobardes.
Y ya está, porque así lo digo.
Tirar palante, e ir pagando los recibos de la luz.
Vamos, que no tenemos todo el día.
Es el canto de los fuegos, de las hogueras nocuturnas. Es muerte de la miseria. El incendio, el final de la desgracia.
Y de la tierra abrasada nacerán, cuando el agua de lluvia bañe las motas germinales traidas por los vientos, los nuevos brotes verdes, amarillos, y rojos, de la vuelta a la vida, de la esperanza encendida.
Y saldrá un sol de justicia que reconocerá las almas de sus fieles, y horneará con sus rayos el brillo de las hojas incipientes.
Por donde quiera.
Es verano.
Peor es aún, si cabe, si tenemos en cuenta que su sabor salado nos quita el hambre de medianoche, pero nos deja a cambio un gusto a soledad y tristeza que no alimenta, sólo invita a seguir llorando, aunque sea mañana.
Lo siento. Sigo con lo mismo.
Soy la bolsa de misterios, y esferas oscuras y turbias se agitan y entrechocan en mi lecho.
Soy la pregunta de la esencia, y la respuesta que obtengo nunca alcanza a satinar todas mis formas.
Soy el témpano y el escombro, construyendo un palacio con charcos de sombra en las almenas.
Soy un párrafo perdido, una mentira inconexa.
Soy el ángel caído.
Soy la espera. La promesa.
Soy la lógica, tras treinta años de borrachera.
Soy un centro con sospechosas tendencias de periferia.
Soy yo, tomando las palabras por bandera.
Buenos días. No merece la pena.