Apr 23

No sé si son más difíciles los pasos hacia la puerta o los que desde la nueva puerta nos llevan al nuevo lugar. Sacar las cosas de la caja o el momento en que se metieron. Decir adiós a caras que igual expresan o no. Decir hola a caras de esperar más que de expresar. Los bolis, los papeles. Uno a uno, que no tenemos prisa.
Y cuando pasan los minutos y el espacio comienza a amoldarse como contenedor de un alguien nuevo más… las ausencias, los ausentes, se hacen de pronto evidentes. Lo que has olvidado traer. Lo que has querido olvidar. Lo que se pudo y lo que no.
De todas esas cuentas de menos y demás, en el fondo, quizá porque a su edad los cambios son más permanentes que las permanencias mismas, JR, por causa de un azar tecnológico carente de toda malicia, echó de menos su música.

Apr 7
Siendo más que perceptiva la óbvida faltura de espaciamiento que aqueja a mi remorfado zomidilio, se estudia (y aún así se suspende) la ponibilidad de horadar el falso techo con profusa fruición y albergar allende isabel los cuantos voluminados menos alustres que abitorran los espacios comunistas.
Eso, o adicionar los cedeses cual vinilos (de esos de espiral por cara) en el Peletazo (Pêlê Mêlê de aquellas oye) con chincheta amodo de tallo aceroso de su esencia giralunada. Y Van Cock con dos orejas. Y rabo, chiiiiiico, y rabo. Que tienes unas cosas.
O dar pávulo a la infame voracidad de las ratas. Hartáos, roedores, hartáos. Que si la de carne devora hormigón (antenas!! he dicho antenas!!!), poco me parece a mí que la de peluche se me coma el cartoné.
O seguidamente optar por la adoptancia… del inquilino, y ceder la cédula de habitabilidad a los diversos, y yo volverme donde mi màma.