Pero se acumula la bilis alrededor de esta mala lengua mía, y claro, cuando no se le da salida, acaba haciéndose una pasta infestada de grumos que no hay quién haga correr píloro abajo.
Sea.
La universidad de Sevilla se pone a legislar lo ilegislable (si “el Willy” de la EUITI levantara la cabeza).
Las universidades Catalanas (y la UJI) siempre un pasito por delante.
Los que mandan (hay Dios mío) se ponen a hablar de algo de lo que en el fondo no tienen ni idea (que la reforma, imbéciles, no la hace Bolonia, ni la LOGSE, ni Educación para la ciudadanía, ni Gabilondo o Pilar del Castillo, ni ninguno que salga en la prensa. La hacen los profesores, que quieren cambiar, o no quieren, y no como gremio, si no como personitas que son, con sus virtudes y sus miserias)
Munilla… en fin.
China que sigue a lo suyo (que no le gusta el crossover Dune-Los Pitufos, oye).
Y mientras la portada de El Pais.com que muestra lo que sigue:

Ole la corrección gramatical.
Y mientras a los leídos les da por entoligarse a la salud del literato.
Ni por dónde empezar, chico…
La educación, como diría el Conde, no es cosa de risa. Sin embargo le entra a uno un estertor a medio camino de la arcada que pone en valor el dicho de “me río por no llorar” cuando lee o escucha lo que se diga del temita.
Porque dejamos que timoneen el futuro del país una panda de nefandos, cuya gestión saludable deviene en que el ministro Gabilondo tenga que decir, en respuesta a que si no le da envidia Finlandia, que los niños españoles son los más felices de europa hasta los diez años.
Lo que viene a ser lo mismo que decir que en 5º les acaece la debacle.
No miren por la ventana, señores, que no da vértigo, sino vergüenza.
Hablo en balde, porque la cosa no tiene remedio.
Porque los cambios se hacen con dinero, y si ya antes no había…
Porque los cambios se hacen dirigidos… y en este país los que dirigen los cambios (Ministros, Secretarios de Estado, Directores Generales…) tienen la misma estabilidad que un violinista en el tejado. Vamos, que no es aquello de donde dije digo digo Diego, sino que era Diego cuando lo dije, y ahora a saber quié coño soy, o cómo me llamo.
Porque le cedemos espacio de atención a sujetos mal hablados, incultos, ineptos, que nos cuelan entre el “un poquito de por favor” y un “pues va a ser que no” sarta tal de vulgarismos que quizá no estaría de más llevarlos de nuevo al cole.
Porque ayer mantuve discusión de oficina sobre si Auditoría se escribe con tilde (aunque la palabra tilde sólo la usaba yo) o no. A favor de la tilde: yo. En contra: el corrector de Word. Ay madre.
Lo que hay que hacer es leer, coñe, lo que sea que tenga lomo (no vale si sólo tiene grapas, que te pueden clavar el Hola). Que de leer sabe uno, cuando no sabe, que no está sabiendo, mientras sabe, al mismo tiempo, que debería saber. Y eso es despertar el interés por el conocimiento. Y eso es cultura nacional. Si no se lee, no se sabe lo que no se sabe. Y sí, a lo mejor es más feliz uno en la ijnoranzia. Pero… conon todos mis respetos, y a tenor de lo vivido, como diría Pepe Domingo, yo… leo.
Y además leyendo, al final, como los colegas del Joyce, te acabas yendo de pedo. QED.
No consigue mi lengua quedarse a gusto, porque no sabe si quiera si debería haber empezado a salir de paseo. No me quedo a gusto yo, porque queriendo decirlo todo… he vuelto a no decir nada.