Vaya por delante que yo soy seguidor del FC Barcelona. No vaya a ser que luego venga alguno a decirme que claro, como soy culé…. Dicho lo cual, empiezo.Pero vamos a ver. Que no es por esto sólo. Que no. Esto es sólo un granito más. No es ni la gota que colma el vaso ni el nudo gordiano ni
the eye of the beholder. Es simplemente lo que merecemos.
¿Que se juntan un señor que no sé quién es, el Moranco no pedófilo y José Manuel Soto (de figura de la canción a charcutero, por lo de vender jamones) y le “componen” a la selección un himno? Ole. ¿Que no lo están haciendo por la cara? Ole. ¿Que le ponen aires andaluces a una selección que lo que más lleva son catalanes y vascos? Ole. Ole, ole y ole.
Que no es por el fútbol oiga. Que no. Que es que es lo de siempre. Luego que si I+D+i, que si
Bologna Process, que si modelo eduactivo, que si alianza de civilizaciones. Y mientras dando soporte ecónomico a la folcórica (que ahora se ha mudado de encima del televisor al cubrerradiador - cosas de las pantallas planas), al toro y a la caspa consuetudinaria.
Ahora es cuando me vendrá alguno (mismamente mi madre) a decir que no es porque sea yo del barça, sino porque me caen mal los andaluces. Y no es eso verdad. Todos no. Mi abuelo que era de Cádiz me caía francamente. Y Manuel de Falla, y Séneca. Y… y Felipe González.
Y no se me vaya a enfadar nadie. Que yo contra los andaluces no tengo más que contra los que van de graciosos por la vida sin serlo. Porque el acento, miarma, no garantiz el salero*.
Pero me despisto.
¿Porque no le ponen de himno a la selección la canción del anuncio de Cepsa? Ruda, a gritos, sin acentos. Una cosa bien oye. Porque si esto va de usar folklore… dada la tasa… mejor la sardana que los aires flamencos, digo.
Si lo que nos pasa en el fondo es que tenemos envidia. Del
you’ll never walk alone, que es himno futbolero, a la marsellesa, que es himno internacional. O hacemos mmmmmm con la boquita (esos crash test dummies) o silvamos, o hacemos tachán tachán como gomaespuma. Pero no pongamos a Jose Manuel Soto a cantarnos con ese aire de cortijo y bellota letras compuestas por uno de los Morancos, que se nos agacha la cabeza ya sólo por el peso de la caspa.
Yo, de toda la vida, y siendo que me caen aún peor que los andaluces, me quedo con los franceses. Un himno de los que le enaltecen a uno el alma, un emperador de verdad, con un solo nombre (nada de primero de España y quinto de Alemania, que parece que lo patrio se devalúa al cambio. Que le hubieran puesto Alarico, coño), un presidente que se cisca a la Bruni, y Henri que las controla con la mano.
Ah, perdón. Por tapar agujeros y argumentos desestabilizadores de antemano. Sí, que sí. Que soy votante del PSOE. Pero el que piense que tiene algo que ver… en fin, que cante, que cante.
*Evidentemente, por no aborricarme más, diré que estoy exgerando de manera injusta. Los andaluces, como el resto de españoles, son unas personas maravillosas, elegantes, trabajadoras, humildes y honestas, que en absoluto merecen mi desprecio, más allá de aquellos a los que, por conocer personalmente, ando en todo mi derecho de llamar imbéciles y zafios, eso sí, con alguna honrosa excepción, en la que ahora mismo no caigo. A los que no conozco, mis disculpas más sinceras.