Esta noche las flores han venido a mi ventana. Lo sé porque aunque poco, pues el cristal no es muy dado a aprehender mensajes de aroma, algo de perfume a rosas me ha rozado al abrir, ya de mañana.
Lástima que ellas, suaves, delicadas, hayan optado por golpear con lo más blando, y no con lo duro del filo, pues no está la cosa para dejar fuera la belleza, cuando es ella la que viene a buscarnos de madrugada.
Moraleja: mejor llamar la atención con las espinas.
Corolario: por muy grande que sea el cuaderno no me cabrán dentro todas las palabras. Tampoco es que sea necesario. Así que mira, a vueltas con las plumas.
Estoy aquí. Bien quietecito, para oír las llamadas.
Sed buenos.