Una vez
anduve paseando mi lengua por el cortante filo de los altos bajos de aquellas minifaldas que las enfermeras, con todo su derecho, se negaban a llevar. No volveré a aquello, porque he venido a otra cosa.
Lo de yo es que en traje no estoy cómoda.
A ver. Que yo entiendo lo de los tacones. No deben ser buenos para la espalda, ni para los tobillos. Otra cosa es que si yo hubiera nacido del lado que se sienta en la taza para orinar, los llevaría todo el día puestos. Como mi mamá. Pero no es el caso. Es una opinión lo de que embellecen, alargan la pierna, estilizan… y desatan la lujuria. Pero repito, no es el caso.
El caso es la de es que yo en traje chaqueta, o arreglada (que nadie dice falda, y menos corta) no estoy cómoda.
Yo respondo… ¿que te tira de la sisa o qué?
Pero no, no es por el sastre. Es que vestida así no soy yo, no me siento segura, no es mi estilo, parezco una madre (ganas dan de decir lo de quizá deberías plantearte serlo) y otras muchas maritorneces de autoconvencimiento, que no hacen sino dar alquil, lijar y emplastecer complejos a los que preferimos no poner nombre.
Por que yo, como casillas, en pijama (que no gasto), en traje, en chándal de táctel, con la camiseta de iced earth en evento patrocinado por jevi españa, de jack sparrow (bueno, era más bien gitano con gorro), de asno de shrek (no niño, no soy un conejo), de jenny lee o de arcipreste de hita…
me siento seguro…
Porque el menda es el menda se adorne como se adorne. Porque la gracia está en verse guapo de cualquier guisa, de saberse dentro del sayo, portándolo, con gallardía, y no colgando de él. Porque es de menudos no entender que a veces, y concuerdo que con desgracia, es necesario lucir según que aspectos, para franquear según que barreras. Sí hija, así de duro. Y no hablo de los porteros de discoteca (que no gasto, y que nunca me han tirado por la pinta). Hablo de técnicos de recursos humanos, profesores de universidad, bancarios varios, alumnos hostiles, presidentes de asociaciones, aforos arquetipados…
Hablo de que es ser más listo, más alto, más guapo, de que saber que si para entrarle por el ojo al subnormal de turno debo ponerme pajarita, me la pongo, porque el que la lleva soy yo, que valgo mil veces más que el de enfrente, y no me alzo como el Ché Guevara del Trafaluc combatiendo a la estupidez humana con la mía propia. Vamos, seamos inteligentes, ya adultos.
Que yo, con el calor que hace, ojalá pudiera ir en falda todo el día, para que se me ventilaran bien las pelotas.
Perdón por lo soez, pero es que con la que está cayendo, según que sandeces me engrosan los gránulos de la lengua. De la mala.
pd.- A éste mismo, no le importaba vestirse… de traje.