Jun 23
Sale un sol de justicia que hace arder los secos matojos de la infamia. Y las llamas que lamen los cortos tallos bailan compases extraños, y murmullan por lo bajo una melodía cansada, de siempre.
Es el canto de los fuegos, de las hogueras nocuturnas. Es muerte de la miseria. El incendio, el final de la desgracia.
Y de la tierra abrasada nacerán, cuando el agua de lluvia bañe las motas germinales traidas por los vientos, los nuevos brotes verdes, amarillos, y rojos, de la vuelta a la vida, de la esperanza encendida.
Y saldrá un sol de justicia que reconocerá las almas de sus fieles, y horneará con sus rayos el brillo de las hojas incipientes.
Por donde quiera.

Es verano.

Jun 19
Lo del hábito, y el monje, y el 40 de mayo

Una vez anduve paseando mi lengua por el cortante filo de los altos bajos de aquellas minifaldas que las enfermeras, con todo su derecho, se negaban a llevar. No volveré a aquello, porque he venido a otra cosa.
Lo de yo es que en traje no estoy cómoda.
A ver. Que yo entiendo lo de los tacones. No deben ser buenos para la espalda, ni para los tobillos. Otra cosa es que si yo hubiera nacido del lado que se sienta en la taza para orinar, los llevaría todo el día puestos. Como mi mamá. Pero no es el caso. Es una opinión lo de que embellecen, alargan la pierna, estilizan… y desatan la lujuria. Pero repito, no es el caso.
El caso es la de es que yo en traje chaqueta, o arreglada (que nadie dice falda, y menos corta) no estoy cómoda.
Yo respondo… ¿que te tira de la sisa o qué?
Pero no, no es por el sastre. Es que vestida así no soy yo, no me siento segura, no es mi estilo, parezco una madre (ganas dan de decir lo de quizá deberías plantearte serlo) y otras muchas maritorneces de autoconvencimiento, que no hacen sino dar alquil, lijar y emplastecer complejos a los que preferimos no poner nombre.
Por que yo, como casillas, en pijama (que no gasto), en traje, en chándal de táctel, con la camiseta de iced earth en evento patrocinado por jevi españa, de jack sparrow (bueno, era más bien gitano con gorro), de asno de shrek (no niño, no soy un conejo), de jenny lee o de arcipreste de hita… me siento seguro
Porque el menda es el menda se adorne como se adorne. Porque la gracia está en verse guapo de cualquier guisa, de saberse dentro del sayo, portándolo, con gallardía, y no colgando de él. Porque es de menudos no entender que a veces, y concuerdo que con desgracia, es necesario lucir según que aspectos, para franquear según que barreras. Sí hija, así de duro. Y no hablo de los porteros de discoteca (que no gasto, y que nunca me han tirado por la pinta). Hablo de técnicos de recursos humanos, profesores de universidad, bancarios varios, alumnos hostiles, presidentes de asociaciones, aforos arquetipados…
Hablo de que es ser más listo, más alto, más guapo, de que saber que si para entrarle por el ojo al subnormal de turno debo ponerme pajarita, me la pongo, porque el que la lleva soy yo, que valgo mil veces más que el de enfrente, y no me alzo como el Ché Guevara del Trafaluc combatiendo a la estupidez humana con la mía propia. Vamos, seamos inteligentes, ya adultos.
Que yo, con el calor que hace, ojalá pudiera ir en falda todo el día, para que se me ventilaran bien las pelotas.

Perdón por lo soez, pero es que con la que está cayendo, según que sandeces me engrosan los gránulos de la lengua. De la mala.

pd.- A éste mismo, no le importaba vestirse… de traje.

Jun 18
Uno en el metro atestado hace uso de la altura para alzar el libro por encima de las cabezas de los medianos y medio insertarlo en el entramado de brazos que intentan asirse, y poder leer.
A veces, claro, no puedo. Pero pocas.
Aunque hoy… en el vagón atestado, yo colocado con la espalda en la puerta que da a un posible andén central (cosa rara: suelo estar de canto para aprovechar mi envergadura tipo Koeman)… absorbido como estaba por el libro de Pratchett… he sido violado.
Un ser humano de 1,20… no, perdón. Una enana de batalla con coraza rosa palo ha acoplado su oronda forma por debajo de mis codos (su cabeza no llegaba a mi barbilla) y, sin necesidad ninguna, se ha quedado ahí. Su enorme michelín asteroidal (doble pliegue, baja tensión superficial) restregándose al suave vaivén del vagón (uy, cuantas uves). Y así cuatro paradas. No creáis que se limitaba solo a eso. Cuando no apoyaba el hombro en mi pecho (siempre sin dejar de frotar el adiposo), recostaba (y es la única ocasión en la que el penetrador era yo) la ligera concavidad por encima del lumbar en mi panza pujante de 8:50 AM. Al menos no olía mal. Pero la superficie en contacto era de un 50% (en su caso, claro. Por la escala, un 14% de la mía).

Lo peor ha sido, sin embargo, cuando ha llegado a la parada en la que se bajaba. Porque ni corta ni perezosa se ha largado… ¡sin darme un beso!

Como ya he dicho muchas veces, el que ande falto de cariño… que madrugue y coja el metro. Joder hijos, qué experiencia.

Menos mal que con el libro ando descojonado (menos mal que Terry no me falla).

Seguimos aquí eh…

Sed buenos.

Jun 1
Lo malo de las lágrimas de noche es que por evitar regar la almohada y ahogarnos en la marisma de sus pliegues, cazamos con la lengua todo lo que corra rostro abajo.
Peor es aún, si cabe, si tenemos en cuenta que su sabor salado nos quita el hambre de medianoche, pero nos deja a cambio un gusto a soledad y tristeza que no alimenta, sólo invita a seguir llorando, aunque sea mañana.

Lo siento. Sigo con lo mismo.