Apr 30
De retazos que se escapan por ventanillas abiertas, que se cuelan entre brazos, entre caras.
Con esas palabras construyo mensajes que me llegan, como papeles envolviendo una piedra.

Podría crearlos suaves, ligeros. Pero no me sale. Sólo consigo hacerlos pesados, afilarlos por los bordes. Que hagan daño.

Y es, en el fondo, un ejercicio de autolesiones. Porque las palabras están ahí, y soy quien las ordena de aquesta manera.

Irme.

Apr 20
Es cosa del viento, en el fondo.
Si racheado, bajo, traidor… se hace difícil cualquier intentona. Es casi mejor, entonces, dejarse caer, o alzar, llevar en fin, a donde el viento caprichoso antoje.
Estas veces, si bien son las menos, parecen, por agónicas, eternas, constantes… siempre presentes.
Porque cuando el viento, por fin, ofrece dignidad, respeto a la causa, horizontalidad en fin, el tiempo corre rápido, alegre, resuelto… como el cielo bajo nuestras alas.

Aleteando.

Apr 16
En lo alto del filo de la realidad hay un columpio amarillo. Tiene la cadena oxidada, y las bisagras, y chirría cuando el viento lo mece a uno y otro lado.
El columpio se apoya sobre patas cruzadas, adelante izquierda, atrás derecha. Y el viento que lo obligaría a caer le salva la vida pensando en cobrarse la presa que cuelga, y se deja llevar, para escapársele luego, una y otra vez, chirriando libre, temblando.
A veces sueño que me siento en la silla. Que salto, bailo, ahora aquí, ahora allí. Como un vals. Que nada más importa, sólo yo, y el viento, y la realidad saliendo y entrando de mi vida, ahí abajo. Pero entonces siento miedo, es vértigo, es mentira, y quiero bajar. Tocar tierra. Pero el columpio no para, el viento no cesa. Y sé que el filo donde se apoya cortará mis pies desnudos si los apoyo. Porque siempre me sueño con los pies desnudos.
Entonces despierto. Y tardo luego en dormirme. Porque sé que en lo alto del filo de la realidad hay un columpio amarillo. Y mi vida chirría, porque tiene la cadena oxidada. Y las bisagras.

Sigo sin estar…

Apr 13
Tiene las patas enganchadas, enlodadas. Y aletea con todas sus fuerzas. Por momentos parece que levanta, que se libra, sale el sol y le seca las salpicaduras sobre las alas. Se parten los manchones, caen polvo de vuelta al barro. Pero la matriz está húmeda, tierna, herida, y aferra su presa, porque nada más le queda.
Tiene las patas enganchadas, enlodadas. Y aletea con todas sus fuerzas. Por momentos se vence, cede, es tragada. Se deja ir, porque no vale la pena. Por que es demasiado difícil. Porque es demasiada la pena. Cesa, y sale el sol, y se endurece la costra que la retiene, y se deja ir adentro, adonde duele, donde la tierra es tierna, y es húmeda, porque está herida. Y por eso aferra su presa, porque nada más le queda.
Tiene las patas enganchadas, enlodadas. Y canta una canción que sabe a niebla, que pide auxilio a las nubes pasajeras. Que habla de dolor, de resistencia. Que habla de volar de nuevo, batiendo al viento las alas llenas de sonrisas. Que habla de que sabe que si aletea fuerte, con todas sus fuerzas, saldrá del barro al fin, de vuelta a casa.

No puedo más. Cierro por derribo. Me voy a casa. Ya volveré.