Feb 26
La sonrisa es un tesoro escaso en el tumulto de monedas sucias y cariacontecidas de los vagones de metro.
Por eso brilla más que en cualquier otra hora la voz risueña del caballero mayor que entra pidiendo que lo dejen llegar a la puerta contraria, porque su viaje va para largo. Cuando llega, dos paradas después, tres reposicionamientos, y mil palabras alegres (esto es…, como suelo decir, nada como el metro para no estar solo…) se apoya, justo detrás de mí, y, sin perder una sonrisa que se le derrama con cada sílaba dice: vamos a ver el capricho.

Claro, porque a parte de un parque maravilloso, es una parada de la Línea 5.

Y yo, que soy así, vengo y os lo cuento. Tal vez debería habérmelo reservado para contar una de esas hsitorias mías, pero… jubilado que sube a vagón atestado, a las ocho y cuarenta de la mañana, con destino al parque del capricho… en mi mente llegaría al parque, pasearía, no compraría la prensa, hablaría con los paseantes, echaría de menos a su mujer, y a la una se volvería a casa, de nuevo alegre, pero solo.

Una vez le dije a alguien que no quería convertirlo en un personaje de mis cuentos (alta tasa de mortalidad). Este caballero… tampoco lo merece. Porque yo hago, principalmente, cuentos tristes. Y, este post, ha empezado hablando de una sonrisa.

Sed buenos. Buenos días.

Feb 20
Corrobora uno sus ansias de expiación a vueltas con latir en la contemplación de los sucesos más obtusos. Accesos de intrusión en el haber ajeno, ropa vieja que se seca bajo el sol impenitente, y la muerte mascando una brizna de alma, tras segar los largos tallos dorados uno a uno, cantando por los huesos de la hosamenta, muy por lo bajo, el hard to handle. Y la costura de las patrañas comienza a relucir en un tono rosa pantone 211 (que es primo, como todo lo demás), reaccionando sus pávidos electrones de sutura a la mezcolanza de perfumes, a la aleación de azaleas y azahares. Pachuli que gritan las voces de las muertas. Y entonces, claro, se acaba todo. Se callan los coros, y los rosas palo de marca. La masa ingente sigue respirando, oscilando a la misma vez, el metrónomo cortando en lonchas, cada vez más finas, las barras de cariño adiposo. Alterno. Y cuando vuelves a abrir los ojos, porque el verdadero color, espectro, fantasma, se ve siempre a párpado candado, resulta que era todo mentira. Y era todo verdad. Que viene a ser lo mismo.

Y entonces te levantas, y caminas, e intentas volver al aire mientras te vistes de excusas, porque los naipes bailan el uka-shaka-uka en manos de unos jodidos primates, chimpancés, que no esconden la cara en las apuestas, porque se están jugando tu vida.

Y claro, la muerte, como buena hija de puta sureña, disfruta con la Credence y con los Comander Cody, pero, sobre todo, con los Black Crowes: tarararan, taaaaaan, tarararan, taaaaaaan,… Hey little thing let me light your candle ‘Cause mama I’m sure hard to handle, now, Gets around.

Corolario: me jode acabarme un libro a la ida, porque no tendré nada que leer a la vuelta.

Ah, y es viernes, sed buenos.

Feb 18
Miradas

Tal vez deberían incluir, en esos mensajes instructivos a los que nadie presta atención (no sentarse sobre el pasamanos, por favor permaneza a la derecha…) uno que dijera: si no es usted afín a la naturaleza humana, no baje ahí a abajo. Porque si eres un zopenco incapaz de comprender la situación en la que habitas, el entorno en el que desplazas, y por tanto, miras con odio, y despotricas por lo bajo a santo del pobrecito pintado entero de UniPost, que a parte de tirarse lo que le queda de mañana (toda) repartiendo publicidad por unos buzones que se le abren acompañados de muchos timbrazos y pocas frases (las pocas veces que coges el folleto del MediaMrkt… ¿has dado las gracias al repartidor?) y dando paseos a la intemperie (qué envidia, por Dios, qué envidia), es obligado a llevar el carrito en el metro, a las 8:30, con lo que eso conlleva… que sepas que yo te estoy mirando a ti con un asco que deja a tu odio silbando el puente sobre el río Kwai. O si eres un retaco rebosante de ira que está decorado por fuera con motivos y tejidos tales que, además del pelo largo, tienen como función indicar que cuando vas al baño, cualquiera sea el motivo, siempre apoyas la carne sobre el aro de loza, y murmuras nadie sabe muy bien el qué (porque en lugar de tener dos cojones y volverte y decir lo que sea que te incomoda, a parte de ser como eres, prefieres seguir abanderando la misera) mientras miras con toda la ira que se te ha metido entre las magadalenas (amén de la mermelada) al pobre chaval que, cascos en mano, parece que te ha molestado haciendo… ¿qué? Sabe que también a ti te miro con desprecio.

Y aunque en el fondo de igual como les mire, porque eso no les adoctrina, compenso el flujo mundial de miradas rencorosas, y el equilibrio cósmico se mantiene, y el número mundial de migrañas al mes baja un 0.3% (que hablando de número mundiales, son muchas cabezas cabronas menos).

Otra cosa… otra cosa son los imbéciles que empujan a la gente en los garitos de copas, y luego se ponen chulos, los que se ríen. A esos no me basta con mirarlos. A esos les presento a mi amigo Dani.

Y, para acabar, que últimamente ando de un locuaz que pasma, diré que:

Según salgo del metro, ese metro que es un pozo de deseos y anhelos humnanos, me adelanta escaleras arriba (¡cómo es posible, con lo rápido que eres! habréis pensado… pues bien, sabed que iba leyendo) un tipo… que no conforme con llevar un traje beige claro con rayas marrones algo anchas, y una camisa y corbata a juego con la cosa, remata la indumentaria veraniega con un zinturón y zapatos perfectamente combinados. Que no lleve abrigo me sorprende, porque aún refresca a esas horas. Que use un traje de verano en febrero me importa bastante poco. Pero que con su atuendo, sus complementos… me lleve unos calcetines azul oscuro… es para presentarle a los arriba mentados, y dejarle una tarde de té con ellos.

Ale. Que llevo tres diitas.

Y por si hay dudas…

Feb 12
Gomina

Uno ha nacido donde ha nacido. Y eso complica mucho las cosas. Por mucho que racionalice, ha aprendido de sus padres las cosas que ellos le enseñaron, y otras (muchas más) que no queriendo enseñarle le mostraron por el cómo eran resultó lección suficiente. Y contra eso hay poco que hacer en el fondo. Porque por mucho que nos empeñemos, algo queda. Posos.

Por eso… por eso la repulsa es doble. Porque a uno se le atraganta el churro en lo social, cuando anda de moje en el café de las 8. Porque claro. Los implicados en el último escándalo político (véase Boadilla) son… como son. Y no se me confunda nadie, oiga. Que a mí, del PP como si son del PCE (Dios lo tenga en su gloria… uy no, Dios no, que estos…). Lo que me pone la sangre en ebullición, lo que me hacen hablar con palabras aprehendidas desde niño, lo que me despiertan la repulsa… Es la pinta. Porque siempre tienen la misma.

Me salen las imágenes de archivo en arcadas (los churros, que no son especialmente digestivos). En llegando, que decía la tía Vitoria, a una boda. Rayas en los trajes, gomina como para asfaltar la Vía Apia, los rizos de rapel por el cogote. El porte. La rubia al lado pintada como una puerta y vestida como un paso de semana santa, aunque con las medidas adpatadas a la fornicación en Vía Pecunaria, véase a veinte uñas y olé. El paso de saberse por encima de todos los demás pobrecitos. Dueños del mundo. Con el culo bien limpio de frotarse el perineo con nuestros tristes billetes de cinco reconvertidos (prensados, porque somos las uvas de su fino) en unos grandes y morados que para comprar no van muy allá, pero para limpiar excesos van como polla al culo. Uy perdón.

Y no sé qué hacer. Porque cuando estos nuevos caigan, otros vendrán, porque para mi desgracia, y la de todos, nunca se ponen suficiente gomina como para que les caiga la cabeza al suelo. Ay Robespierre, lo que se te echa de menos.

Para acabar de limpiar el mal sabor dejado en esta mala lengua mía, usaré la saliva de otras palabras, que sin ser paridas por mí, son mías. Tuyas. De todos. Sea.

“Probablemente en su pueblo se les recordará
como cachorros de buenas personas,
que hurtaban flores para regalar a su mamá
y daban de comer a las palomas.

Probablemente que todo eso debe ser verdad,
aunque es más turbio cómo y de qué manera
llegaron esos individuos a ser lo que son
ni a quién sirven cuando alzan las banderas.

Hombres de paja que usan la colonia y el honor
para ocultar oscuras intenciones:
tienen doble vida, son sicarios del mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad,
viajan de incógnito en autos blindados
a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad,
a colgar en las escuelas su retrato.

Se gastan más de lo que tienen en coleccionar
espías, listas negras y arsenales;
resulta bochornoso verles fanfarronear
a ver quién es el que la tiene más grande.

Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz,
juegan con cosas que no tienen repuesto
y la culpa es del otro si algo les sale mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal. Letra de Algo personal - Serrat Y Sabina - sitiodeletras.com

Y como quien en la cosa, nada tiene que perder.
Pulsan la alarma y rompen las promesas
y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer
nos ponen la pistola en la cabeza.

Se agarran de los pelos, pero para no ensuciar
van a cagar a casa de otra gente
y experimentan nuevos métodos de masacrar,
sofisticados y a la vez convincentes.

No conocen ni a su padre cuando pierden el control,
ni recuerdan que en el mundo hay niños.
Nos niegan a todos el pan y la sal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión
de declarar públicamente su empeño
en propiciar un diálogo de franca distensión
que les permita hallar un marco previo

que garantice unas premisas mínimas
que faciliten crear los resortes
que impulsen un punto de partida sólido y capaz
de este a oeste y de sur a norte,

donde establecer las bases de un tratado de amistad
que contribuya a poner los cimientos
de una plataforma donde edificar
un hermoso futuro de amor y paz.”

Sea.

Larga y mala. Mi lengua.