Una señora, airándose (que no aireándose, pues empieza a dejarle marcas la bufanda en el cuello perlado ya de sudor), alterada, pegándole voces a la trabajadora del metro que, gracias a dios salvaguardada por el cristal, rellena un justificante de retraso.
El marido, o compañero, largo más que un domingo sin dinero, paraguas en mano, abrigo de paño azul soso como lamer un palillo, la contempla mitad estupefacto mitad extasiado. No tengo tiempo para recrearme pensando en el fulano atado a un somier de muelles puesto de pie, con los ojos vendados, mordaza y las pelotas atadas con una cuerdita, esperando que la doña airada en cuestión le meta el paraguas por el culo. Ya digo que gracias a dios no tengo tiempo.
La escena que contemplo se repite en un dejavù pastoso: la del metro que escribe, el del paraguas que contempla, la airada que repite, como si fuera a servir de alg: “es que ya está bien”
Tiene razón en lo de que ya está bien, al menos en parte, porque en dos semanas la línea cinco tres veces, la línea seis dos, y la nueve una vez (al rico atropello), han alegrado la mañana a más de medio millón de madrileñitos. Tiene razón, al menos en parte, porque venga a decir que el metro de madrid vuela, y a poner anuncios de embarazos, y luego los trenes de las líneas cinco o seis fueron dados a luz en el siglo XIV.
Pero como no venía yo a hablar de eso…
Venía a hablar del “es que ya está bien”. Je. Y me quejaba yo (en plan plañidera) de lo fútil que es o no mi blog. Pues anda que la frase de marras…
A la vuelta de cualquier esquina se lo encuentra uno. Vas a comprar el pan, y ¡zas! En toda la boca. El que se siente estafado por los tiempos, la que se indigna por la competencia desleal, el que responde a actuaciones comunes, la que desespera por la incompetencia ajena, el que se aflije, las víctimas usuales…
Casos habrá para ampararse en la desdicha cansada hecha verbo. Pero, en línea con lo dicho, y por no extenderme más (que esto ni cuenta de mí, ni es bello, ni es video) no abundaré en el asunto más allá de pedir que reflexionemos un segundo sobre, si alguna vez, decir “es que ya está bien” ha servido para que deje de estarlo.
Buen fin de semana. A mí me duele un oído.