No es el coche que uno acaba de lavar, o los últimos zarpazos de un verano que se agarra al reino perdido si es de día, y lo suelta por oscuro si es de noche.
No es el frío que arrebuja los cuellos, las pieles, en los pliegues de otras pieles ajenas, que esconde a los gatos bajo los coches parados, recién lavados, al borde de las aceras.
No es el andar apretado, raudo, de perfil, a la caza del próximo destino a techo abierto, al amparo de cornisas breves que prometen en lo alto y fracasan justo a pie de hombro.
No es el suelo ahora vil y resbaloso, no son los traspiés, ni los cansados zapatos. No son los bajos oscurecidos por el agua de segundo uso.
No es la gente, no es Madrid, no son las nubes.
Llover no es cuestión de nada, sino de gotas.
Gotas grandes como gatos. Y las ganas de escribir esto: gotas como gatos.
No es, la lluvia, razón para posts como este. O sí.
Sed buenos, bajo la lluvia.