Jun 18

Buenos días vendrán en una ciudad no suficientemente vacía, que nos recibirá a pleno sol, a abrazos llenos, para acojernos y seguir meciéndonos en ese baile a veces torpe, a veces limpio, que agarrados bailamos a salto sobre los meses.

Buenos días vendrán que nos arrullen al aliento de un sol que vuelve a perder terreno al reloj sobre el horizonte. Sol que tras viajar a otros lugares dejará paso a unas estrellas que tímidas se esconden tras la mugre, pero que aguantan su brillo en un titile para que tengamos tiempo de salir del paraguas de la urbe, para apreciar su brillo, su dibujo, sus historias.

Buenos días llegarán tras los líos, tras atajos, tras exámenes, trabajos, desamores, pruebas, remates de cursos vencidos. Buenos días son. Porque seguimos aquí los (to)dos. Tu aquí. Y yo contigo.

Sed buenos. Buenos días.

Jun 10
El tiempo tiene un paso torpe, desacompasado. Es un tiempo patizambo, cojo. Los nervios que a veces le atenazan, las prisas, o los momentos de tensión detenida, no ayudan en absoluto a tomarlo en serio a la hora de echar las cuentas. Porque además, de resultas de su andar malo, los golpes de cadera acaban largando a las personas en el camino. Dejándolos a un lado, en la cuneta. Y si ya es malo andando, ni que decir tiene lo poco útil que el tiempo resulta como autobús de línea. No vuelve a por los caídos.
Por todo esto, por su paso, nos alegramos, sonreímos, incluso desconfiamos de tamaña dicha, cuando aquellos que cayeron por un mal giro del camino, en un recodo, en una tarde de nubes, bracean contra corriente, contra vergüenza, contra resignación, para tendernos una mano que desea ser asida, como ancla de punto de vuelta. Como asiento de presencia.
Por eso, porque el tiempo al fin y al cabo tan sólo es culpable de su torpeza, debemos andar atentos por si las manos de los queridos estiran sus dedos deseosos de tocar lo que nunca debió ser desprendido.
Por eso somos, amigos. Por eso somos amigos. Bienvenida.
Jun 9
Capitalismo (o la cresta de la ola)

Seré breve. No hay sangre. No hay ganas. Hace 14 años mi madre se quedó en el paro. 38 años. Graduado Escolar recién sacado. FP 1 oliendo a pintura. Un niño rubito va al cole y le ponen Terminator 2 el día que Talayero enseña su walkman de aluminio. Huelga general. Después… Filesa, Aznar, el señor del bigote, el trío de las azores, el España va bien, el 11.M, las mentiras de ambos lados, la mierda salpicando las paredes, y de pronto… que si esto va así, que si el capitalismo es lo que tiene, que son ciclos, que se pasan…
Y mientras mi madre temblando, de nuevo, porque los camiones no pasan la frontera con Francia, y sólo les quedan piezas en almacén para 5 días. Colas en las gasolineras, la gente congelando los langostinos, y yo en pijama pensando que he sintonizado una de esas cadenas apócrifas de la TDT y están dando de nuevo aquel aborto que fue el Apocalipsis de Stephen King.
Los barcos sin faenar, los camiones llevando al tráfico más aún al borde su abismo. Los mi cámara y yo mostrando gente desahuciada, desalojada, desmontada, rifando su piso en papeletas de a 5 pesetas. La prensa sembrando, porque es mejor producto que la calma, el miedo y el nerviosismo.
Eso sí. Pedrosa, Nadal, Gasol, los toros y Podolsky que no celebra los goles. Pan y circo, vaya.

A tomar por culo los romanos. Yo… quiero una sopa. De letras de hipoteca. Como si me (nos) sirviera de algo.

Jun 3
Nerviosos andamos en círculos. Leones. Oliendo los rincones de un espacio que huele sólo a nosotros mismos. Rascamos la pintura de las paredes. Probamos baldosas con hueco. Recorremos millas de parqué acuchillado en veranos de abandono. Y trazamos en el aire que se agita tras nuestro paso la imagen de los deseos que anhelamos. Que nos deseamos. En largo en corto. Parando la mirada en las puertas cerradas de proyectos que ideamos y que ahora yacen yertos, sin licencia. Recordando frases congeladas en minutos que fueron días, sin mayor motivo que el sentir nuestro aliento en el paso de la historia de letras pequeñas. La nuestra.
Y somos tontos, y lo sabemos. Porque escarbando en lo negro que cohesiona los azulejos del baño somos de pronto conscientes que eso, lo que queremos, todo, acabará apareciendo, si mirando somos pacientes, por la mirilla de la puerta.

Dicho lo cual, a mí que me den tacones y vestidos negros. Que ses lo que escriba, o diga, hace ya mucho que nos conocemos.