Buenos días vendrán en una ciudad no suficientemente vacía, que nos recibirá a pleno sol, a abrazos llenos, para acojernos y seguir meciéndonos en ese baile a veces torpe, a veces limpio, que agarrados bailamos a salto sobre los meses.
Buenos días vendrán que nos arrullen al aliento de un sol que vuelve a perder terreno al reloj sobre el horizonte. Sol que tras viajar a otros lugares dejará paso a unas estrellas que tímidas se esconden tras la mugre, pero que aguantan su brillo en un titile para que tengamos tiempo de salir del paraguas de la urbe, para apreciar su brillo, su dibujo, sus historias.
Buenos días llegarán tras los líos, tras atajos, tras exámenes, trabajos, desamores, pruebas, remates de cursos vencidos. Buenos días son. Porque seguimos aquí los (to)dos. Tu aquí. Y yo contigo.
Sed buenos. Buenos días.