Vamos como corderos. A pedir, porque nos falta algo. Dinero, las más veces, caricias, ojos que nos miren, las más también. No es caridad. No son favores. Es nosotros, en el mismo sitio.
Desde la sensación de impotencia imbécil cuando te multan por algo, la angustia, el no dormir, por una casa que no se vende, o el dinero de una casa que no se paga. La tiña negra del dinero.
Se acerca uno al señor de la mesa atestada de papeles, con un fajo mucho menor asido bajo el brazo, sostenido, defendido, como la esencia falsa de lo que parece que nos definirá ente ojos que no nos prestarán orejas que reciban palabras nuestras. La vida aplicada en diez minutos, 100 palabras, seis papeles oliendo a impresora. La duda. Sentirse triste de pobreza, quizá miserable. Olvidando en la silla azul a juego con los panfletos que de eso existen, de eso viven. De la necesidad que nos creamos, de cuando sentimos que necesitamos, del temor que, en verdad no a ellos sino a nosotros, nos tenemos.
En la puerta del Caprabo. Claro, imposible frente al Sánchez Romero. Negro de mierda, mala lengua, polvo y ropas resucitadas. Y uvas de la ira. Abriendo puertas, contando mentiras que aflojen cuando en verdad son de verdad las verdades las que no aflojan, sino que argumentan y convencen. Sin saber que, desde aquí, desde hace mucho, le debo un jodido cuento. No es el mismo sitio, no es la misma cosa. Somos la misma gente.
Llegando de noche a casa. La mañana dio para hacer recados para otros. La tarde noche para hacer cafeses a otros. Y la noche tarde para ella, sin pensar, sin dormir, porque soñar no es pensar ni dormir, sino planear lo que sería sin cafeses, sin recados, sin necesidad de favores. Que no son favores. Porque es nosotros, en el mismo sitio.
Un alguien en cualquier lugar. Sabiendo de su vulgar pretensión sobre algo que no tiene. La posición, la calle, la silla, el bar. La mentira que tapa a una verdad que le asoma por los lados. Porque las razones somos nosotros. Y no necesitamos favores. Necesitamos gente, porque es lo que somos.
Sirva de algo, si acaso, mi mala lengua, que esta vez tan sólo cierra el sobre de una carta que mandamos… a nosotros mismos.
1. f. Comparación de algo con otra cosa por ejemplo o símil.
2. f. Igualdad de las cosas entre sí.
3. f. Econ. Valor comparativo de una moneda con otra.
Pues parece ser que no…
Los primeros rumores me llegaron a santo de los porcentajes de representación femenina en los órganos de gobierno de la UPM (cuando todo el mundo sabe que en los organismos públicos el órgano de gobierno per sé es el dedo, cuando no la po…). Lo primero que dije, ignorando la cara de preocupación de los debatientes a santo de a ver cómo solucionaban eso y de dónde sacaban tanta mujer en una universidad como ésta (65 con pito, 35 sin pito, estadísticas grosso modo), fue que pobrecitas las mujeres indefensas (lo malo de la prensa escrita es que casi hay que poner las ironías en negrita, no sea que le tachen a uno de reaccionario o borrego: el Pepe de mi madre dice que Wyoming es un facha por aquello que hacía al principio de CQC), que necesitaban una ley para obligar su presencia en los lugares de poder (aun cuando eso de los lugares de poder nunca lo he tenido yo claro: el lugar donde más cosas puedes hacer, esto es, el lugar de mayor poder, paréceme a mi el excusado, o W.C., porque por poder puedes…) porque ellas solitas no eran capaces de llegar a ellos. Furia, oye, que a mí estas cosas…
Pues cuál no fue mi pasmo al ver que las feministas más racionales (léase no radicales, que mastuerzos abundan, pues crecen por donde hay sombra) estaban totalmente de acuerdo, no por la UPM, sino porque la ley era de ámbito nacional. 40%-60%. Mira, como la posesión del Barça fuera de casa. Y pensé entonces que igual no había yo, puesto a pensar, pensado de la manera adecuada.
Entonces voy y miro al señor magnífico, y lo veo rodeado de su equipo de fútbol, y hablo con mi amigo Corleone, que dice que en consejo de dirección de blablabla… no hay una sola tipa. Y ya entonces me da por mirar, pero bien. Consejerías de educación, sanidad, deporte, cultura… y donde dice consejería léase lo que acabe en ía según proceda.
Y vuelvo a mirar la UPM. Y los 11 señores de oscuro trepados al altillo del Consejo de Gobierno. Y al movimiento que permite, fuera uno por lesión, meter en el campo a una señora maja que amén de mujer, profesora, lo era (ambas cosas) de Escuela Universitaria. A lo Elmer. Matando varias aves con la máxima eficacia de disparo: 1. Lo que tienen los ingenieros industriales.
Pero no es culpa ni mucho menos del Sr. Porque en todos sitios cuecen habas, si cabe, más gordas. Aquí al menos tenemos Defensora, empezaremos a tener directoras de escuela (nótese la paráfrasis…), y parece, pues no sé aún, que Vicerrectoras… Y vicepresidentas del congreso, y Carmen Chacón, y el escaño de Rosa Díez (siendo el cuarto partido más botado: ley justa esta, oye), y Rosa Aguilar…
Y pienso entonces que igual sí que hay algo ahí jodiendo a quienes hacen posible el mundo. Algo que no se ve desde mi silla, sino desde la suya. Y entonces igual lo de la posesión del Barça no sobra, si en lugar de leerse como agravio se lee como garantía de justicia. Y entonces me relamo con esta mala lengua mía… y me apaciguo.
Y que conste que hago bien en quedarme aquí. Porque en el descanso del nosequé04 - Barça, un anuncio de Cruzcampo habla de lo que se merecen una buena cerveza… el empresario en traje que vuelve cansado del trabajo y se sienta a leer el diario en el sofá, la mujer guapa y cuarentona que sonríe mientras cocina para la familia, el soltero guapo después del deporte con los colegas, la moza de buen año como recompensa por una satisfactoria tarde de compras.
Lo dicho oye, que en cuanto se descuida uno, le cogen de la mala lengua que dejaste colgando fuera para mayor descanso, y te la meten por el culo.
Como los coja…