Mar 25
E-quality

La cachonda de Fá corriendo pechos a 3 khz por playas paradisíacas que nunca visitarás (instrucciones al dorso). Anuncios de coches en los que sólo salen mujeres, anuncios de coches que les levantan las faldas azules a las mozas de piernas largas, que nunca visitarás (decepciones al dorso). Anuncios de coches para mujeres. Te falta TEFAL (no reina, no te falta, te sobra miseria alrededor). El 206 que es un coche de chica. El Vodka, que lo beben más las mujeres porque no deja olor apenas y los padres protectores de jóvenes desamparadas (pese a que bien se amparan bajo los brazos de jóvenes que no protegen apenas) no se percatan de que la nena bebe. El rosa de los lazos, de los juguetes, de las colonias. Azul para el niño. Ingenieros sin fronteras. Maestras con barreras. Pantalones para todos. Cine para mujeres. Tiros, acción, rambo para los hombres. Chicas Bond. Chicas Almodovar. Chicas Allen. Chicas… con zapatitos bajos, que bailan rock and roll… Teresa Rabal (HH) y su había una vez una niña planchadora. Así planchaba así así. Alumnas de cursos, adultas, que se creen incapaces, que piden que sigas dejándolas atrás, porque es demasiado para ellas. Alumnas que presentan proyectos en los que creen, pero cuya exposición es más una pregunta que busca una confirmación por respuesta, pues creen más en un desconocido que en ellas mismas. Mierda generacional. Infamia consuetudinaria. Y agravios comparativos.
Si cada puta nota de sonido comercial, social, comunal, resuena y afina el diapasón de la distancia, si nos cuelan la jugada, más vieja que el supuesto oficio más viejo, y más jodido (sea), si nos convencen de que la realidad es así, y ya está… que luego no me lloren, que yo, pasopalabra.
Y al tanto voy sacando mi lengua por un lado, dudando de morros y de ceños, cuando frente a la U blanca de roca en la que vierto mi agüita amarilla, dudo si, voto a tal, me he equivocado al elegir la puerta del lavabo. Cosas que pasan cuando la información se desprecia por obvia.
Leed, ved, sonsacad. Entre líneas, entre anuncios, entre lunes. Ved que el oprobio sigue chorreando por las juntas de los cuentos. Que sé que a cenicienta lo que le molaba de verdad era ponerse un cinturón polla y reventarle el culo el príncipe encantado.
Paro ya, que me enciendo. Para. Que pare.

Sed buenos. Mi madre, las de mis queridos, mis amigas, mi estrella… lo son. Más, por supuesto, que los que inventaron la patraña en el albur de los tiempos.

Mar 12
Iria

Ganas me dan a veces de plantarme a la puerta de un colegio y empezar a distribuir blasfemias a granel contra la caterva infame de mal llamados padres que inunda bien el parking bien la acera.
He dedicado muchos días de mi vida a cuidar niños ajenos. De un tiempo a esta parte niños ajenos nacidos de gentes con posibilidades económicas que también me son ajenas. De resultas de esto se me vino abajo el mito de ser rico que tenía desde niño. Porque no me sirve de mucho el Cayenne, el chalet, el todo, si luego al niño me lo educa la doncella. Así están los niños en los campamentos luego como están. Locos por llamar la atención. Cuando finalmente conoces, el día que viene a buscarle, al padre del niño cabrón que lleva dos semanas jodiendo a todo quisqui, lo primero que piensas es “claro, cómo no”. Como Papá y Mamá trabajan hasta las tantas para tener una carrera profesional próspera y provechosa (todo con pro), resulta que la educación del ser que trajeron al mundo tras tres o cuatro altercados sexuales post cena del sábado pasa a un plano tan secundario que sólo sirve para generarles sentimiento de frustración si es que el niño saca malas notas.
En fin.
Podría hablar de padres toda la vida, por cuanto conozco de cerca a muchos, y de oídas a otros tantos que preferirían no conocerme de cerca. Y el caso es que conociéndolos de hace tanto nunca me hubiera puesto a ilustrar su triste existencia con el fino pincel de mi mala lengua. Ni tan siquiera merecen mi desprecio.
Pero el caso es que de un tiempo a esta parte voy sabiendo de alguien… que merece algo más. Una niña de un colegio me ha preparado una tarjeta, en un sobre con mi nombre y pegatinas de colores en forma de estrella, para decirme que me había invitado su profe a un concierto. Una vez hablé con ella por teléfono porque estaba castigada (para variar). El caso es que es una niña pelín especial, todos los niños se quejan de ella porque les pega o insulta, le dijo a un compañero “ojalá te mueras en la indecisión” (es cojonuda, eh)… vamos, un cielo. Ah, se me olvidaba, tiene 7 años. Pues bien, reunidas la niña, su madre y su profesora a santo del comportamiento de la niña, la madre dijo que no encontraba pareja por culpa de la niña. Voy.
Bicho infecto y miserable, que antepones tu vida infame y triste a la de lo único bueno que has hecho en los últimos 10 años. A ver si de una puta vez te enteras de que todo, todo lo mala que es, sólo viene a cuento de llamar la atención, porque muy posiblemente tú no le hagas demasiado caso.
Luego que si los niños nos salen macarras, o skinheads (eso era más en mi época), o lo que tú quieras. Padres que pasan de lo que sus hijos hacen porque prefieren no saber, padres que controlan cada acción, cada gesto. Padres que restringen, agobian, encarcelan. Padres que mienten. Padres que maltratan sin poner una mano encima. Padres que, salvo por el hecho de haber dado al mundo personas mil veces mejores que ellos, nunca debieron de haberlo sido.
Mi madre se enfada cuando lo digo. Pero es verdad. Ellos tienen la culpa. Y ganas me dan, según acabo, de no sólo usar mi lengua mala.

Mar 5
Sacan pecho ahora que se saben victoriosos. Saludos, apretones, parabienes sonrientes. Fantasías de escarapela en la solapa, de un sólo color la insignia esta vez. A comerse la polla unos a otros, a decir que no hubo miedo, que se cumplieron los pronósticos. Ahora cambian la piel y mudan en trajes nuevos las serpientes que lijaron su panza infame al ras de los recovecos donde caen los susurros. Donde se vierten los secretos de oído a oído, secretos que no son de nadie más que de los labios, aun cuando las palabras que los tejen sean devoradas, deglutidas por las bestias de la tiniebla y el engaño. Ahora lucen vivos sus penachos, límpidas y rosadas sus faces altivas: ni rastro de la máscara de fauces ansiosas, lubricantes de mentiras. Son, al fin y al cabo, los elegidos, y el derecho que el miedo les confiere ahora no reconoce la naturaleza de su causa, aun cuando cada acto forjado en la deshora huele, porque es, a la misma mierda negra de color de siempre. De toda la puta vida.
Sacan pecho ahora que salen victoriosos, todos los que ganan las contiendas, los que arrasan en debates, en foros, los que ascienden a las cimas desde las que se borran los rastros de duda que dejaron en el sendero de la cumbre.
Pero vendrán los que hereden la bondad de los caídos, los que renieguen de su halo de derrota, alzarán sus manos afiladas en los cantos de las piedras, en las veredas, en los caminos, y con ellas llegarán a los altos, a las salas, y sacarán con sus dedos de vendimia los corazones de esos pechos que antaño sacaron victorioso, para mostrar a los ojos de los temerosos el color oscuro que atestigua lo sentido.
Que saquen pecho, ahora que aún sirve para contener sus latidos.