La cachonda de Fá corriendo pechos a 3 khz por playas paradisíacas que nunca visitarás (instrucciones al dorso). Anuncios de coches en los que sólo salen mujeres, anuncios de coches que les levantan las faldas azules a las mozas de piernas largas, que nunca visitarás (decepciones al dorso). Anuncios de coches para mujeres. Te falta TEFAL (no reina, no te falta, te sobra miseria alrededor). El 206 que es un coche de chica. El Vodka, que lo beben más las mujeres porque no deja olor apenas y los padres protectores de jóvenes desamparadas (pese a que bien se amparan bajo los brazos de jóvenes que no protegen apenas) no se percatan de que la nena bebe. El rosa de los lazos, de los juguetes, de las colonias. Azul para el niño. Ingenieros sin fronteras. Maestras con barreras. Pantalones para todos. Cine para mujeres. Tiros, acción, rambo para los hombres. Chicas Bond. Chicas Almodovar. Chicas Allen. Chicas… con zapatitos bajos, que bailan rock and roll… Teresa Rabal (HH) y su había una vez una niña planchadora. Así planchaba así así. Alumnas de cursos, adultas, que se creen incapaces, que piden que sigas dejándolas atrás, porque es demasiado para ellas. Alumnas que presentan proyectos en los que creen, pero cuya exposición es más una pregunta que busca una confirmación por respuesta, pues creen más en un desconocido que en ellas mismas. Mierda generacional. Infamia consuetudinaria. Y agravios comparativos.
Si cada puta nota de sonido comercial, social, comunal, resuena y afina el diapasón de la distancia, si nos cuelan la jugada, más vieja que el supuesto oficio más viejo, y más jodido (sea), si nos convencen de que la realidad es así, y ya está… que luego no me lloren, que yo, pasopalabra.
Y al tanto voy sacando mi lengua por un lado, dudando de morros y de ceños, cuando frente a la U blanca de roca en la que vierto mi agüita amarilla, dudo si, voto a tal, me he equivocado al elegir la puerta del lavabo. Cosas que pasan cuando la información se desprecia por obvia.
Leed, ved, sonsacad. Entre líneas, entre anuncios, entre lunes. Ved que el oprobio sigue chorreando por las juntas de los cuentos. Que sé que a cenicienta lo que le molaba de verdad era ponerse un cinturón polla y reventarle el culo el príncipe encantado.
Paro ya, que me enciendo. Para. Que pare.
Sed buenos. Mi madre, las de mis queridos, mis amigas, mi estrella… lo son. Más, por supuesto, que los que inventaron la patraña en el albur de los tiempos.