Y si extraña… ésta extrañará menos.
Colores por banderas.
Banderas por venganzas.
Venganzas por pasados.
Pasados por canciones.
Canciones por reproches.
Haz deporte persiguiendo cabezas de cadetes, a ver a cuántos impides cumplir los 16.
Haz deporte esperando fuera del estadio a que salgan.
Haz deporte lanzando piedras a autobuses.
Haz deporte golpeando en el vestuario al rival que te frustró las ansias de victoria.
Haz deporte en la cara del que comparte equipo contigo, no sea que te quiera quitar el puesto.
Haz deporte buscando el dolor ajeno en la siguiente entrada.
Haz deporte mintiendo, buscando sacar partido de unas normas pensadas por el bien de todos.
Y enseña el deporte.
Enseña el deporte a pie de banda, presionando, depositando en tu hijo la frustración de tu orondo cuerpo, de tu pasado miserable.
Enseña el deporte a voz en grito, insultando cuando no sale, pidiendo violencia, denostando al contrario.
Enseña el deporte para niños, sin niñas. Para niñas sin niños. Porque esa niña parece un niño, porque ese niño juega como una niña. Porque esto es un deporte de hombres.
Enseña el deporte desde el sofá, mientras ella plancha, friega, cocina, cuida, sostiene.
Un amigo mío dice que el rugby, que es un deporte de animales, lo juegan caballeros, mientras que el fútbol, un deporte de caballeros, está jugado por animales. Esta mala lengua mía ha hecho callo desde porterías innumerables, a pie de innumerables bandas de sábado por la mañana. Y sale torpe, se mueve triste, acomplejada, al decir las palabras que corroboran la frase. Que se encoge cuando confirma que todos los malotes, chungos, matrucheros, macarras de esquina, portagorras y cadenas, todo lo que espero no encontrarme un día durmiendo en un cuarto de mi casa, juegan al fútbol queriendo ser Cristiano Ronaldo (que tal baila).
Así que saco hoy la lengua seca de espanto, seca de relamer los secos labios abiertos de mi boca pasmada leyendo la prensa deportiva. Y la saco aunque duela. Porque alguien en algún momento equivocó los caminos. Y creo que alguien, aunque desde aquí yo nada importe, debería retomar lo abandonado a golpe de lenguas, que restrieguen la vergüenza por las caras de los culpables.
Sería ese, desde luego, otro deporte al que gustoso me apuntaría.
Del otro… mamá, casi que me desapunto (ya quisiera).