Jan 31
Cansado, la espalda convulsa por toses que ya no retumban en los costados, pero cuyos fantasmas recorren el viejo camino conocido de la espina dorsal. Fantasmas de toses, de estertores. Fantasmas disfrazados de cordura en la víspera del carnaval de los recuerdos.
Aleteos siempre, al poniente, lejos esta vez de los oídos. Lectores en calma, aguerridos, al otro lado de pantallas que iluminas rostros grises de tristeza y madrugada. Pues se hace tarde. Y hoy, por ser noticia, no han querido salir los cuentos que guardo en la chistera.
Confiemos en la espera.
No confiemos, por ver si la pillamos por sorpresa, en la deshora.

Mientras, ir tirando por ahí, ir poniéndose el pijama en las entrañas. Será de día. Se hará mañana.

Jan 29
La cosecha

Preparaos, largos y rubios cereales, verdes, sólidas legumbres, tubérculos tímidos, callados… pues llega el tiempo de la cosecha. Aquellos que en barbecho, desde la sombra del crepúsculo, abonaron campo vedado con sus sacos de calumnias, ataques, consignas, emblemas, chantajes… aquellos que de un tiempo a esta parte mecen los tallos con el aire de su hálito corrupto, que huele a viejas rencillas, que porta, porque remueve, en suspensión motas de polvo posados sobre guerras olvidadas, aquellos vendrán, si es que alguna vez se fueron. Vendrán con sus baremos a marcar las diferencias, a dibujar las lindes de un territorio que no es suyo porque es nuestro. A decir tú conmigo, tú con ellos. A mirar por encima, por debajo, por detrás. A intentar doblar nuestro porte a los pies de sus panfletos. Vienen de colores, con el ruido, cuatro patas sí, a decir lo que está bien, a colgar de los faroles su retrato.
Temblad, largos y rubios cereales, verdes sólidas legumbres, tubérculos tímidos, callados… pues llega el tiempo de la cosecha, y vienen a cortar tallos que nunca sembraron.
A saber, por malas lenguas: un hombre, un tallo. Un tallo, un voto. Un voto, que nunca, en ningún caso, justifica los medios. Y no me callo.
Jan 28
Una frase suelta basta. Ya ha pasado antes. Un cine. Un autobús. Un parque. Un vagón. A veces ni siquiera. Ni frase. A veces sólo un gesto, un movimiento. Alguien hace. Alguien mira. Alguien. Y la idea llega. No hay musa. Hay gente. Y a veces llega limpia, brillante. Entera. Violines, voces en la radio, papeles… Son las mejores. Autosuficientes. Ni siquiera necesitan casi quien las ate. Son, ellas solas, historias.
Pero a veces llegan rotas, cortadas. A veces no traen suficiente sentido, a veces sólo suenan bien, o mal del todo. Dan mucha más pena. Y las lucho, las defiendo, intento darles lo que les falta. Y es entonces cuando, al leerlas, después de ese soplo inferido, me encuentro más de mí en ellas de lo que querría. Me vuelvo texto. En ellas. Y esas, pese a todo, no son historias. Son miserias…
He de pararme a pensar si quiero escribir de verdad, o no, el cuento que tengo en la cabeza.
Porque sé que esta vez, la idea, no viene ni limpia ni brillante ni entera. Noto que soy su relleno, soy la idea.
Jan 22
Lateralidad


Empiezo yo a entender eso de que mi madre nunca sepa a qué lado cae la izquierda y a cual la derecha. No hay manera de darle indicaciones a la pobre.
Un exnovia mía, que estudió magisterio de infantil, luego a otro que no era yo, luego de inglés, y supongo que muchas cosas más, me dijo que eso se llamaba problemas de lateralidad. Pues muy bien.
Entonces lo que pasa es que los políticos son disléxicos de lados. Porque ya no hay quien se defina. Es como cuando dices que tocas en un grupo y te preguntan “¿y qué rollo hacéis? Joder, y yo que sé. Pues lo mismo.
Mi madre no sabe a qué lado corresponde qué palabra (y eso que ahora en los estuches de lentillas viene D e I, que antes era como lo de los auriculares, R y L, y apáñalas puedas), pero sabe de puta madre que lo que ella es, es de Izquierdas. Porque de derechas y currito, según ella, no se puede ser.
Mis tíos lo tienen aún más claro. Igual tampoco llevan bien lo de la segunda a la derecha (aunque creo que sí, especialmente el taxista) pero lo de que el corazón está en según qué lado y la sangre es de según qué color… eso más que bien lo llevan a mucha honra. Ante tamañas aseveraciones yo pensaba, de pequeñín: “ya, pero yo tirar a puerta, coger la pala de ping-pong y, sobre todo, las pajas… todo eso lo hago con la derecha”. Y no lograba extrapolar significado alguno. No así ocio. Lo dicho.
Ahora, que pensaba que sólo me pasaba a mí. Pero claro, uno enciende la tele, o el ordenador, que es mucho peor, y topa con lo que topa…

Que J.J. Millás dice que en Zamora (donde también saben de qué color es la sangre y dónde está el corazón) el PSOE no tiene que hacer campaña porque ya se la está haciendo el PP.
Que la web de Rajoy (o la Rajoy TV, perdón que ría) guarda sospechosos parecidos con la de Forges, y además dice que Zapatero ha olvidado a los más necesitados.
Que Fidel llama a las urnas, a ver si las urnas le llaman a él…
Que deberían enviar a Supervivientes, con las putas, Patxi Salinas y Joselito, a la pareja cómica del siglo (Pepillo, el mangui, Blanco, y Angelito, sí bwana, Acebes) a ver si se los comía una marabunta de tarsios.
Que Gallardón… je.
Que Ana Botella posa a lo Marlene Dietrich en una sala de banquetes de Carabanchel (ayba! Mi barrio!)
Que Rubalcaba (¡que viva!), Ministro de Interior, fue el portavoz de los GAL.
Que… (fill in the blank spaces)
Que muy bien. Así cualquiera se hace disléxico de lados, de landas, como mi profesor de la academia, o de lo que coño sea.

Mira que con lo mal que me caen, empiezo a envidiar a los franceses. Que vale que Sarkozy es de derechas, pero joder, al menos se está tirando a la Carla Bruni.

Resumiendo. Yo, a todos estos, la mala lengua se la saco por los dos lados.

Jan 17
A la mala lengua la sacaron de la boca en que habitaba por dejar un cargo en manos de quien me quiso y me desquiso a partes iguales. Lástima de relación, que espero un día retome cauces de contacto.
Así después anduvo, camuflada bajo otros nombres, en diversos foros impresos. No logró, en aquellos casos, lo que antaño: calumniar, entristecer, encender, ser objeto de recogida de firmas (en contra…) pero al menos dejó escapar por su modesta vía el río de palabras que atestaban un melón de aquellas aficionado al dormir escaso.
Desde hace casi dos años (aniversario exacto que será celebrado como merece) también anda menos dispuesta a causa de este blog que la distrae de sus quehaceres, y las pocas veces que por aquí ha tomado caminos iguales a los de entonces, las respuestas han sido violentas y no muy atrayentes. De este modo, quedó su mordacidad y estilo al florete relegados a pequeños accesos de protagonismo en mitad de frases inocuas.
Hoy venía con ganas. Tantas que le he quitado la primera plana a lo del concierto, siendo yo de no soler. Con ganas de hablar de lo Gallardón y Esperanza, de las cosas que sé de UPM, de las cosas que se me ocurren sobre los bares que frecuento, sobre la gente que frecuento, sobre el mundo que frecuento. Pero mejor he pensado en esquivar la pelea escribiendo un metapost sobre si debo o no postear a santo de las cosas que me calientan (y no hablo de ti, cariño).
Sergio anda con su primera friki-encuesta del año, y yo, muerto de envidia, siendo como soy poco dado a preguntaros viendo lo poco dados que sois a escribir, me atrevo con una cuestación de difícil respuesta. Sea:

¿Le dedico un día a la semana, en mi blog, a sacar esa Mala Lengua mía de paseo, y decir lo que se me venga en gana sobre lo que sea? Respuestas posibles: Sí/No. Y si os animáis en Sí, proponed un día.

PD.- Venga, llevadle la contraria al resquemor occipital que me dice: “sí, sí, encuesta, ni tres respuestas te llevas”. Confío. Decidme.

No seáis buenos. Esta semana os la doy libre.

Jan 11
Estaban ahí antes que tú y que yo.
Y ahí siguen.
¿Quién las inventó? Buscamos un nombre, un apellido. Los tiene: la necesidad, de ser entendido.
Cuelgan de ganchos largos, a su vez clavados en un cielo lejano de color negro y amarillo.
Pero son de fácil captura. No es mérito suyo el ser sentencia, frase, oración. Es culpa nuestra. Complacientes obedecen el baile que las conjugue, que las case, las apriete. No se rebelan, no se quejan. Son, calladas, la voz de nuestras ideas. Nada es su problema. No tienen responsabilidad ninguna.
Y ahí siguen, ahí esperan. Caen largas, sonoras, cuando los años son cortos: por paliar defecto. Caen cortas, lentas, cuando los años arrastran la cadencia, la mentira. Pero caen todas. En nuestras manos. De nuestras bocas. A nuestros pies.
Son inocentes, inmaculadas. Son el origen de todo, sin tener origen en nada.
Son tuyas, y mías.
Porque estaban ahí antes que tú y que yo.
Y ahí siguen.
Las palabras.
Jan 1
Es fácil. Dar pasos. Un pie, despacio, seguro pero despacio, pisando al fin, alzando polvo. Otro pie, después. Lo mismo, más rápido cada vez.
No hay línea que seguir. Sólo una idea, fuerte, a fuego, entre los ojos, tras las cejas. Un movimiento desde dentro, una causa. Convencido.
A veces las dudas llenan de agua la atalaya, y entonces tropiezas, caes, te desvías. Entonces das un paso atrás: miedo, angustia, no saber cuando acabará. Pero ese paso atrás sólo te clava, te afirma, te sostiene. Te empuja. No son un baile tus pasos, no es un vals, que viene y va. Casi todos acortan la espera.
Y no importa si es largo el camino, cada paso es en sí mismo un destino, cada gesto arroja luz para ver dónde firmar con las pisadas, cada segundo de avance es aire que respira la cabeza, pensando en un encuentro, al que nunca se llega, porque llegar es pararse, sino que se viste, se enarbola, se sublima. Porque los pasos que damos solos, sólo son pasos a medias. Cuadrar el ritmo, ser cadencia, ser, unos, con otros, pasos que andan camino.

Que se nos dé bien el 2008.