Sólo el viento que lame y sufre en los filos de las piedras, sólo él que no olvida en su memoria de aires y desgastes, sólo él recuerda… sólo el viento.
Como los gatitos… nada como darme un ovillo de lana… para tirarme el día con la madeja enredada entre las zarpas. Aunque luego, como con las violetas, la cosa no vaya por ahí.
Por cierto…
Enhorabuena Sr. Adjunto, por el logro.
Sed buenos. Porque yo… soy buenísimo.