Se pueden construir mentiras con palabras que son de verdad. Con palabras bonitas, largas, melosas. Palabras que fluyen en torno a verbos para construir frases, castillos. Que se enredan con el aire entre la boca y los ojos. Pero que no dicen nada.
Se pueden decir verdades con palabras que son mentira. Uno se enreda, se rebusca, se parapeta en sílabas, en puntos y comas, para no decir de frente lo que cree que podrá decir de lado. Retuerce la verdad envolviéndola en un papel encerado, de colores, para que cueste menos decir, pero que tan sólo distrae, despista, confunde los mensajes. Para acabar diciendo nada.
Y a veces, sólo a veces, uno dice una frase muy corta. Dos, tres palabras. Sin espacio para la mentira, que como buena egoísta siempre gusta de tener largos predicados. Sin adverbios que distorsionen, sin adjetivos que enmascaren. Te quiero, lo siento, me gustas.
Se pueden decir verdades con palabras que son mentira. Uno se enreda, se rebusca, se parapeta en sílabas, en puntos y comas, para no decir de frente lo que cree que podrá decir de lado. Retuerce la verdad envolviéndola en un papel encerado, de colores, para que cueste menos decir, pero que tan sólo distrae, despista, confunde los mensajes. Para acabar diciendo nada.
Y a veces, sólo a veces, uno dice una frase muy corta. Dos, tres palabras. Sin espacio para la mentira, que como buena egoísta siempre gusta de tener largos predicados. Sin adverbios que distorsionen, sin adjetivos que enmascaren. Te quiero, lo siento, me gustas.
Bueno, en el fondo no sé. Supongo que, como en todo, habrá quien pueda mentir con las frases cortas.
Sed buenos.