Nov 15
Uno entrega la suerte por las palabras, pierde la vida en los equívocos, sale derrotado en detalles que nunca tuvieron intención de batalla. Y se siente triste, roto, asolado. Cree que podía haberlo previsto, para evitarlo. Pero los sucesos nos acechan tras los arbustos, en las esquinas. Y entonces salen de golpe, se agrupan, se convierten en razones que apoyen razones aún mayores, razones que sí se preveían.
Y entonces uno deja caer la mirada, la cabeza, la sonrisa, y esconde la miseria bajo una alfombra de 24 líneas por 28 caracteres. Ni para un metro cuadrado.
Y esta vez, para variar, no llora. Para qué, si nunca nadie logra ver las lágrimas.

Ni para ser bueno vale uno.

Nov 10
Tenemos nuestros momentos. Buenos, malos. Somos lágrimas y sonrisas. Y al final ruido de cristales, y el Stairway to Heaven. Pero en el camino topamos con gente que sólo nos arranca sonrisas, que sólo produce lágrimas de alegría, o de preocupación por ellos mismos, nunca de dolor o de tristeza.
Ella es la luz de toda luz. Como si en plena noche fría nos pusiéramos bajo una solitaria y esbelta farola que aparte de iluminar irradia un calor que nos reconforta. Lleva el abrazo en la mirada, la atención en la escucha, el cariño en la sonrisa. Ella es la confianza, el amor, la tranquilidad, el no pasa nada cuando lo has roto todo, el agua que apaga tu incendio. Es la caricia que comprende, el beso que perdona. Es la justicia, la paz, la generosidad, la entrega. Ella es todo lo que uno siempre quiere tener a su lado. Ella es la única. Por eso cuando ella, y no nosotros… cuando es ella la que llora, a los demás no nos queda nada.
No llores.

Te quiero.

No seáis buenos. Ella… lo es por todos.