Jun 1
No es magnetismo, porque tan pronto me atrae como me repele sin siquiera haberme movido. No es la gravedad, aunque cada gesto que hago, que hace, lucha contra un peso terrible, como adherido al aire que lo rodea; se vuelve grave. Su mano que se escapa a la terrible atracción y logra rozar con los dedos mi brazo, mi mano que de pronto se nota muy cerca de la suya, demasiado, y huye despavorida a mi bolsillo. La fuerza tira, empuja. Ahora quiere, ahora no quiere. Ahora cree que debe, ahora sabe que no puede. Y viceversa. Perdidos en los pasos de este baile de estrechar para luego agrandar el espacio que nos separa, sentimos que algo, lo que sea, nos mece. Como las olas, como un vals, que viene y va, que viene y va.