Y en mi abrigo, en mi pelo, y en un escote abalconado, y en los cordones de los zapatos, en los árboles, creándole un conflicto a mis sensores de aparcamiento (cubiertos de nieve)… Haciendo que la vuelta a casa se convierta en un ejercicio de técnica de conducción y concentración, con una llamada que me acompaña en el camino para saber que sigo vivo… Que a fuerza trae recuerdos de otras veces que vimos así nuestra ciudad, tan gris, negra, sucia, triste… habitualmente, viéndo cómo con sólo unas horas de nieve parece otra cosa distinta, recuerda a otra cosa distinta; es, tal vez, otra cosa distinta.¿Somos distintos bajo la nieve? ¿Acaso los copos enredados en nuestro pelo, en nuestros gestos, nos hacen habitantes de un lugar diferente?
A saber. Preguntas tontas que se hace uno. Ya véis, con qué poca cosa. Sólo porque detras de los cristales hay nieve.
Qué fácil ser bueno, bajo la nieve.